Y de repente me di cuenta de que estaba solo. Y lo único que percibía era un conjunto de sonidos distantes: el goteo de un pequeño arroyo, el batir de las olas del mar y el sonido del viento en el desierto. Hasta que percibí como el rugir lejano de un monstruo furioso. Tardé en percatarme de que se trataba de mi propia respiración y de que lo único que sentía de mi cuerpo era el subir y bajar de mi pecho en cada inspiración y expiración. Y me vi a mi mismo flotando en el líquido amniótico del útero materno y flotando por el cosmos, como el feto de la película
2001- Una odisea espacial.
Todo esto duró unos 30 minutos y ni fue un sueño ni producto de las drogas. Simplemente la
piscina de flotación del centro de Spa del Hotel Villa del Conde en Meloneras. Un par de horas más tarde, de vuelta a la realidad del mundo con gravedad y rozamiento:
- ¡Papaaaá! ¡Me toca a mi ver la tele! Menganita lleva mucho tiempo viendo Playhoyse Disney
El feto en la secuencia final de 2001
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